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La Llorona

Yolanda María Aristizabal cada día permite que se dibuje tímidamente una sonrisa en su rostro a pesar de sus ojos cansados, noches enteras de llanto acompañaron el fatídico 1989 cuando asesinan a su marido. Sola con sus siete hijos no alcanza a reponerse del duro golpe y las noches de lágrimas enternas regresan a su vida en 1991 año en que uno de sus hijos repite el destino de su padre: otro de sus hijos en prisión posteriormente, una hija con meningitis y un mes de doña Yolanda internada en el hospital mental de Bello, parecen no ser motivos para que desaparezcan los deseos de estar bien, aun así, el llanto regresa eventualmente para recordarle que su hijo y su esposo no están y no van a regresar por más que la noche se bañe en lágrimas y cambie su rostro con el sol en un nuevo intento de sonrisa cotidiana.

La Llorona hace parte de la exposición  "Mitos: tradiciones y fantasmas de la verdad cotidiana" del artista Esteban Valencia.

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